Por: Eva
Varona
El lunes 4
de noviembre a las 7 am López Obrador se dispone a dar su conferencia
“Mañanera”; pero detecta rápidamente que la primera fila que por lo general
ocupan sus periodistas “fieles”, están ocupados por tres mujeres que lo miran
expectantes y analíticas a cada una de sus palabras y movimientos.
La estocada
se da temprano, la primera pregunta y la primera respuesta.
“Durante la
conferencia matutina, representantes de una misión internacional de
organizaciones defensoras de derechos de los periodistas, alertaron sobre
los riesgos de ejercer este oficio en México y preguntaron al mandatario si se
comprometía a no estigmatizar a periodistas para no alentar más agresiones
contra la prensa.”
El
presidente dijo que no era necesario asumir un compromiso de no usar lenguaje
estigmatizador a los periodistas porque sencillamente, aseguró, no lo utiliza.
¿Pero
adivine qué?
Benditas
redes sociales que a decir del propio Presidente hace de cada ciudadano un
medios de comunicación; no falto quien hiciera una pequeña compilación de lo
que ha sido totalmente evidente en este mandato.
Debo
reconocer que Obrador ha dicho algo muy cierto; las redes sociales le
proporcionan al usuario el poder de crear contenido tal cual como lo hace un
medio de comunicación; incluso con más impacto que ellos mismos.
Sin embargo
también debemos reconocer que ese poder ciudadano, en la mayoría de las veces
no se usa adecuadamente, incluso para los mismos colegas que se aventuran a
tener su propio medio en estas plataformas, muchas veces se han topado con la
cruda realidad de una apoteósica “competencia” que trata de poner al mismo
nivel la profesión periodística y a entusiastas ciudadanos que emiten opiniones
que dicen contener información más real porque…ellos son personas comunes como
usted y como yo y “no ocultan nada”.
Veámoslo
así:
Yo sé hacer
unos hot cakes espectaculares, pero eso no me hace una pastelera experta que
puede preparar un pastel de bodas en un par de horas.
Pero la
semana apenas comenzaba; el presidente terminó el lunes con una frase que
sonaba a lema de campaña:
“La prensa
no es mi enemiga, son los adversarios”
Nada qué
refutar; la prensa que lo cuestiona duramente es y será siempre su adversaria.
A todo esto
es bueno saber las distinciones entre ser enemigo y ser adversario, encontré lo
siguiente:
“Los
adversarios concurren en la búsqueda de objetivos comunes y por eso se
enfrentan, ya sea en el mercado, ya sea en las elecciones, ya en cualquier otro
tipo de conflicto que tienen mucho de agonal. Los enemigos se enfrentan porque
el objetivo de cada uno de ellos es la destrucción del otro.”
Así que ya
lo sabemos.
Pero la
semana era joven y las estocadas mediáticas apenas comenzaban porque confrontar
la prensa local es una cosa, pero cuando se trata de ser la mira de la prensa
internacional, esa que no puede controlar como adversaria, es otra historia.
Si el
Culiacanazo se estaba entibiando; el martes amanecemos con una de las noticias
más hirientes que seguramente marcará el legado de Obrador: El caso LeBarón.
El
miércoles y el jueves fueron invadidos por esa tragedia; poco se habló de lo
feliz, feliz, feliz que estaba Obrador por lograr que se consulte la revocación
del mandato y en realidad las mañaneras se enfocaron en dar información sobre
el caso LeBarón, la inseguridad.
Y ahora era
el turno de la prensa internacional que calificaban como un fracaso la
estrategia de seguridad de López Obrador; los medios estadounidenses tocaron el
tema LeBarón hasta el hartazgo; apareció en la escena Donald Trump quitándole
el foco de atención a Obrador.
A eso le
aderezamos que en la semana se dio a conocer una encuesta donde la popularidad
del presidente va en picada ya con un 60%; que a decir de los expertos sigue
siendo mucha aceptación.
Y bien;
pues para la semana difícil de López Obrador, su suerte no parecía cambiar,
pues el jueves asistió a la ceremonia de
la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión (CIRT)
y en su discurso y frente a miles de periodistas y dueños de medios de
comunicación dijo que: a él ya no le hace falta acaparar espacio de los medios
porque ya tiene “la mañanera” con la que se comunica casi dos horas diarias con
la gente y que además gracias a las benditas redes sociales puede comunicarse a
la hora que guste.
¡Ops! Creo
que nadie le dijo que los presentes en esa ceremonia, precisamente luchan cada
día por mantener vivos esos medios de comunicación que compiten todos los días
con las benditas redes sociales.

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